Resumen histórico

MOLINOS MONSERRAT

CASA DE LA CULTURA “BENJAMÍN CARRIÓN” NÚCLEO DE COTOPAXI

Infra estructura física: Riesgos volcánicos- lahares

Autor: Eduardo Meythaler Quevedo

La Casa de la Cultura de Cotopaxi, desde sus inicios, en 1952, hasta 1960, no tuvo un sitio propio, pues recién en este año el municipio de Latacunga dono los viejos Molinos de Monserrat para su utilización.

En 1996 siendo Presidente el Dr. Leonardo Barriga L., se procede a la planificación de la actual infraestructura por el Arq. Eduardo Meythaler Quevedo, dejado de lado un perfil inicial del Arq. Oswaldo Muños Mariño, pues este era limitado a una oficial y una sala de sesiones, sin proyección de crecimiento. De tal planificación, solamente se respetó una losa inclinada de hormigón armado, por petición expresa del proyectista original, recomendada además por el Dr. Benjamín Carrión, fundador de la casa.

Los molinos de Monserrat fueron propietarios de la compañía, quienes también fueron propietarios de Jesús del convento y templo de la Compañía, destruidos en gran parte por los movimientos telúricos del siglo XVIII. (Los molinos datan de 156, según la inscripción pétrea).Estos molinos tomaban el agua mediante las respectivas obras de arte, de la captación desde el rio Yunayacu (agua negra), captación que desembocaba en un pequeño reservorio, que se mantiene aún, del cual bajaba dos canales de acometida hacia dos “chiflones” en los que existen las aspas de molinos que movían las ruedas de piedra que trituran los granos, depositados en las tolvas desde las cuales despedían debidamente regulados, a los depósitos de molienda. Me refiero a estos molinos porque son dos: uno grande, al este, enseguida de la calle y el reservorio, aun nivel de menos de seis metros, y otro, más pequeño, a sesenta metros, aproximadamente, hacia el oeste, con dos chiflones, ruedas de molino y tolvas entonces ya inexistentes a un nivel de menos de catorce metros.

Estos dos molinos se encuentran construidos siguiendo la pendiente natural del terreno que está constituido por capas de material volcánico, producto de las diferentes erupciones del Cotopaxi, terreno que termina en la confluencia de los ríos Cutuchi y Yunayacu.

Es decir, el sitio ha condicionado la planificación del Complejo Cultural existente:Confluencia de dos ríos, pendiente pronunciada, desarrollo longitudinal este-oeste, y dos elementos patrimoniales en el área agroindustrial, con tecnología y materiales propios (piedra volcánica negra y piedra pómez blanca).

Además, existió una cascada que retrocedió hacia el este, provocada por la acción del rio Yayacu a reforzar la orilla norte del complejo mediante muros de piedra y hormigón ciclópeo. Se anexo a este terreno el espacio y construcciones (casa de máquinas y vivienda), al otro lado del río, que constituían la segunda planta eléctrica histórica de la ciudad de Latacunga, integrándose posteriormente con un puente peatonal sobre el río Yanayacu.

Todas estas cargas, interesante y valiosa, tanto topográfica, como paisajística, además de patrimonio e histórica, fue tomada en cuenta, con toda seriedad y respeto, para la intervención de rescate, preservación, vitalización y nueva construcción, según el caso, e integrada en todos los aspectos, utilizando los niveles y espacios en una forma orgánica; los materiales originales respetados, evidenciados, en tanto que los materiales y técnicas constructivas actuales mostrados con sinceridad y evidencia, sin recurrir a “fachadismos” o falsedades históricas. La unidad total, globalizadora, mediante detalles constructivos y decorativos simbólicos, como pequeños arcos rebajados en hormigón armado, “canecillos” labrados en piedra pómez y la limpieza total de muros enlucidos y pitados en blanco, como mensaje sutil de la época Colonial en que se originaron los Molinos de Monserrat y la Ciudad Patrimonial, Republicana y Neoclásica en su siguiente etapa. Se han rescatado elementos del templo de La Compañía, como columnas y bases de piedra, (barroco) ubicados en los exteriores, además del mantenimiento de la pintura, anónimo, de la Virgen de Monserrat, que, a propósito, no tiene dos niños, sin dos capas pictóricas superpuestas, que, como curiosidad demostrativa del proceso, se dejaron deliberadamente. Curiosamente, también aparecer dos gárgolas como elementos simbólicos del gótico medioeval, que despreciaba la gracia, representada por la lluvia.

 Se diseñaron, inclusive, muebles en madera, coherentes con el ambiente, que se deberían recuperar y mantener, así como contraventanas y protección de hierro. Con estas consideraciones conceptuales y condicionales descritas, el Complejo Cultural viene a constituirse en una realidad icónica utilizada eficientemente durante cincuenta años para tal proceso cultural, con área Administrativa, Teatro semicircular; Salas de usos múltiple, Biblioteca, Centro de computo, Museos (arqueológicos, folclórico, artesanal, etnográfico, etc.). Pinacoteca, Talleres de pintura, escultura, música y danza, Imprenta, y en proceso, el Ágora y Paisajismo que esperan el apoyo de las instituciones para su completa realización. De acuerdo con la Planificación Integral. En la construcción, han intervenido varios profesionales, de acuerdo con contrataciones parciales, tanto en administración directa como con aportes del Consejo Provincial, y la planificación estructural del teatro, por el Ing. José Meythaler Quevedo.

La gestión administrativa ha sido obra de todos los Presidentes y Directorios, como ejemplar acción de continuidad cultural.Esta es una síntesis, en honor al espacio disponible, del equipamiento cultural de la Casa de la Cultura “Benjamín Carrión” Núcleo de Cotopaxi. El proceso anterior, explicado a grandes rasgos, considero importante y de actualidad, dado el riesgo por el proceso eruptivo del volcán Cotopaxi, riesgo de inundación y amenaza laharica que, de ser el escenario 3 (E- 3) con un volumen de 30 x 10 a la sexta m3, o sea 30 millones de metros cúbicos, cubriría por completo a los Molinos de Monserrat, lo que ya ocurrió en junio de 1877.

Pues bien, la erupción fuerte (han ocurrido menores) del 26 de junio de 1877, alcanzo en forma altamente destructiva, hasta la actual calle Dos de Mayo, (que a la fecha no existía) según se puede observar  “in situ”, y en planos históricos, para quien le interese, desde el Complejo Cultural actual, inundando los Molinos ya existentes en 1756, y que todavía se mantienen, evidenciado que la estructura colonial original resistió, manteniéndose en pie y mostrándose en pie y mostrándose nuevamente, al bajar el lahar y las inundaciones, de forma similar a la cúpula existente en la actualidad, situada al frente y en nivel más bajo, del Centro Comercial “ Malteria Plaza” y en donde estuvo la fábrica textil Villagómez, destruida por dicha erupción.

Bien puede suceder lo mismo, de producir una erupción de grado E-3. De ser igual, y de acuerdo con la historia, seriamente analizada, sin la historia, seriamente analizada, sin lirismo alarmismo ni demasiados optimismos, posiblemente en un lapso de tiempo de tres días. Lo demás, seria limpieza, como seguramente se realizó en 1756.

De no ser así, y de producirse desgraciadamente un escenario E-4, ( 60 millones de metros cúbicos de volumen) más fuerte que en 1788, esta breve descripción servirá como testimonio histórico de lo que actualmente existe como infraestructura cultural y apreciación de la labor desarrollada en este campo por la Casa de la Cultura de Cotopaxi, y no suceda, como en el caso de la textil Villagómez, en forma lamentable, para mitos y leyendas, que puedan ser hasta interesantes, pero sin fundamento histórico.

Confiemos que el actual Complejo Cultural se mantenga, como un hito, en la zona de riesgo, igual, pero en sentido contrario, en zona de seguridad de Calvario (Monumento a la Virgen de Volcán) que también es una obra de suscrito planificador.


“Si no podemos ser una potencia militar y económica, podemos ser, en cambio, una potencia cultural nutrida de nuestras más ricas tradiciones.”

Benjamín Carrión